Hola,
Dicen que no hay nada más universal que hablar del tiempo.
Basta con subir al ascensor en un día frío para comprobarlo: ese momento en el que las puertas están a punto de cerrarse y aparece un vecino casi por sorpresa.
Surge entonces la clásica pregunta interna: ¿de qué hablas cuando no sabes qué decir?
Exacto, del tiempo. Es el refugio de todas las conversaciones improvisadas.
Y hay otro dilema igual de común: ¿eres de los que presionan el botón rápido para evitar compañía, o de los que sujetan la puerta con una sonrisa amable?
A todos nos gustaría ser siempre amables, aunque es cierto que a veces aparece el modo “no quiero hablar con nadie”, y hacemos como si no hubiéramos visto a la otra persona llegar.
Algo bastante humano, por cierto.
Incluso hay quien lo lleva más lejos.
Hace poco alguien me comentó que le alegra vivir en un edificio sin ascensor: así evita esas pequeñas interacciones incómodas.
Es sorprendente pensar que algunas personas prefieren subir varios pisos a cambio de esquivar veinte segundos de conversación forzada.
Cuando, oye, siempre queda el recurso fácil: hablar del tiempo.
Mira, ¡y yo he llenado medio texto solo con eso!
Al final, hablar del tiempo siempre está ahí como salida fácil.
Y resulta curioso cómo un gesto cotidiano se parece tanto a lo que ocurre en los negocios: a veces evitamos comunicarnos con quienes ya confían en nosotros, aunque mantener esa relación sería lo más sencillo y beneficioso.
La comunicación con clientes funciona igual que esas conversaciones breves del día a día.
Recordarles que existes, mantener un contacto constante y generar confianza es lo que crea relaciones estables a largo plazo.
Y una Newsletter puede ser una herramienta clave para conseguirlo.
Estar presente, de forma cercana y periódica, marca la diferencia entre una marca que se olvida y una que permanece.

Hablamos,
Xavi
Este correo fue enviado a mis suscriptores el 21 de noviembre.
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