Hola,
Con tu permiso, te voy a contar algo.
Si te das una vuelta por los suburbios de la web (tranquilo, no hablo de la deep web), te encontrarás con miles de páginas. Apasionantes, sí.
Hay más de 1.100 millones de webs en total.
Quitando las que están “en mantenimiento” – más de 900 millones, algunas desde hace más de un año – he visto auténticas locuras digitales.
Y cuando digo “locuras”, me refiero a webs que parecen ir como un pollo sin cabeza, ofreciendo más servicios que productos El Corte Inglés y Mercadona juntos.
Empresas que hacen de todo: te recogen en el aeropuerto, te cuelgan un cuadro, te hacen la declaración de la renta… y si se lo pides, seguro que también te redactan una demanda.
¿En serio?
Pues sí. Date una vuelta y verás.
Y ojalá todas estén facturando lo que no está escrito, de verdad. Pero me da que no es así.
Porque muchas piensan algo como:
“Si a un cliente le hago la compra y, además, le presento la renta, seguro que no se va a la competencia”.
Pero… ¿qué cliente elige algo así?
Buena pregunta.
Si tienes la respuesta, estaré encantado de oírla.
El problema es claro: si tú no te centras, si vas por la vida como un pollo sin cabeza (no hablo de especializarte, sino de definir tu mensaje), será difícil que un cliente te entienda… y más difícil aún que te contrate.
Cada día me convenzo más de que las empresas que más lejos llegan lo hacen, en gran parte, gracias a la comunicación.
“Sin ella, te desvaneces como la niebla en los hombros del amanecer,
como un recuerdo que el viento sopla fuera del pecho,
como una palabra que quiso ser abrazo y se volvió silencio.”
Nada, mejor lo dejamos aquí antes de que me ponga poético.

Hablamos,
Xavi
Este correo fue enviado a mis suscriptores el 5 de noviembre.
Si quieres recibirlos antes que nadie, únete a la lista: